Space Jam, el juego de Jordan, los Tunes y los alocados 90s

No cabe duda que la década de los noventas marcó un antes y un después para la historia del deporte conocido como el basquetbol. Esto fue gracias a la figura de un jugador que, a la fecha, sigue considerado por muchos como el mayor representante de esta rama del deporte: Michael Jordan. Líder del “Dream Team” que ganó la medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 y ganador de 6 campeonatos de la NBA con los Toros de Chicago, Jordan dejó una huella inigualable para el mundo de los encestes y las clavadas sin imaginar que, en su camino, se encontraría con los cartoons clásicos de Warner Bros., los alocados y siempre incorrectos Looney Tunes.

En el año de 1992, antes del primer retiro profesional de Jordan, “Su Majestad”, mote con el que se le conocía a Michael, realizó un comercial para la marca Nike que se proyectaría en el marco del Superbowl XXVI sin saber que, este primer crossover que juntaba al basquetbolista con el popular conejo Bugs Bunny para enfrentar a unos ‘bullies’, tendría tanto éxito que repetirían la fórmula para el siguiente año con un corto que duraba 90 segundos, algo que ayudó a que los Looney Tunes volvieran a figurar después de cierto letargo.

A pesar del breve adiós de este deporte por parte de Michael, ese tiempo sirvió para que Warner Bros. y su renovado interés por su franquicia de los Tunes después de estas campañas exitosas dieran pie a la creación del crossover máximo entre el ya legendario basquetbolista con el equipo de Bugs, Lucas, Porky, entre otros en Space Jam: El Juego del Siglo. De la mano del director Joe Pytka, que había dirigido los spots publicitaros donde Jordan y Bugs unieron fuerzas por vez primera, la idea de este juego de basquetbol fue llevada a cabo queriendo recrear lo hecho técnicamente por Disney y su gran éxito con ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? (Zemeckis, 1988).

A pesar de que la calidad de la animación en 3D, sobre todo en los paisajes donde los Looney viven, sea un tanto mala y haya envejecido un tanto mal después de 25 años, la interacción entre estos dos mundos, el del basquetbol y la animación abrieron la puerta a un relato que tomaba algunos puntos de la vida real como el retiro de Jordan para volverse beisbolista y el par de años que sus grandes amigos de la duela buscaron coronarse en este deporte para mezclarlos con la ficción necesaria, etiquetando a Michael como la única opción viable para que Bugs y compañía no sean esclavizados por el dueño vil de Tontolandia, Swakchammer (voz de Danny DeVito).

Rodeado de cameos de talentosos basquetbolistas como Charles Barkley o Patrick Ewing, la cinta cuenta también con una música que es fiel testigo de su época. El soundtrack con canciones para e inspiradas en la misma cinta nos entrega el talento de Barry White haciendo una peculiar dupla con Chris Rock en el tema ‘Basketball Jones’, o la voz de Seal se convierte en un himno para las aspiraciones y los sueños cumplidos en ‘Fly Like an Eagle’, además del tema principal interpretado por Quad City DJs que es homónimo al título de la película. Toda esta mezcla de hip hop y R&B encaja perfecto con la partitura del multinominado al Premio de la Academia, James Newton Howard, que capta la esencia no sólo del mundo animado sino del real.

Otro gran punto digno de recordarse es la llegada de Lola Bunny, que se convertiría en el interés amoroso de Bugs y que, conforme pasó el tiempo, fue evolucionando hasta ser la nueva figura que veremos en la secuela este año, mucho más adecuada a los tiempos presentes. Y qué decir del diseño y creación e los antagonistas, los infames Monstars que con todo y su himno, imponen con su presencia, su colorido y esa mezcla que los mismos Tunes describen tan bien en su nombre.

Es así que Pytka, más allá de sus reclamos por la falta de libertad creativa y por los rumores que indican que el productor, Ivan Reitman,  fungió más con el rol de director que él mismo, crea una visión que aprovecha a lo máximo ese mundo animado de los Tunes y aprovecha para mandar unos cuantos golpes bajos a su eterno rival, Disney, demostrando que no hay nadie más alocado, irreverente o arriesgado como lo son y han sido Bugs Bunny y compañía.

Space Jam: El Juego del Siglo resulta ser, a 25 años de su estreno, una cinta kitsch que celebra la irreverencia de una década como lo fueron los 90s, el regreso a los planos estelares de unos personajes históricamente incorrectos y el legado de una leyenda del deporte que, ya sea en la realidad o en el mundo animado, dejó una marca imborrable que fue más allá de lo deportivo para convertirse en un fenómeno cultural. No cabe duda que este alocado proyecto demuestra el poder de adaptación de los cartoons y la fuerza que tuvo el basquetbol a partir de un solo nombre: Michael Jordan.

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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