Los Bandidos de Kelly, la reinvención de un forajido

Uno de los forajidos más importantes de la historia es Ned Kelly, personaje que ha sido objeto de diversas versiones en cine. Desde la época del cine mudo, con The Story of the Kelly Gang (1906), pasando por la interpretación de Mick Jagger en Ned Kelly (1970) de Tony Richardson hasta la versión más reciente en el 2003 con Heath Ledger y Orlando Bloom de este bandido en la cinta homónima del 2003.

Ahora, este relato llega a las manos del realizador australiano Justin Kurzel, que desde su poderoso debut con la cinta Snowtown (2011) ha conseguido crecer en su carrera, colaborando con Michael Fassbender en la adaptación de Macbeth (2015) y la no tan afortunada visión de Assassin’s Creed (2016), demostrando una fuerza narrativa visual muy interesante. 

En Los Bandidos de Kelly, Kurzel toma como base la novela de Peter Carey acerca de la vida de Kelly, que desde niño se enfrenta al deber ser el hombre de la casa cargando con los fantasmas que lo hacen ser hijo de un criminal irlandés y del yugo que las autoridades de la Corona imponían en tierras australianas en la época de finales del siglo XIX. 

De inicio, pareciera que Kurzel se inclina por la fórmula clásica de los Westerns, esa donde la violencia no tiene límites, llena de una testosterona desbordada. Sin embargo, poco a poco se avoca en mostrarnos el lado duro de la vida de estas personas que parecían estar abandonadas a su suerte o a vivir bajo la opresión de sus colonizadores y las consecuencias de ello, similar a lo que otra cinta australiana de venganza hizo recientemente en The Nightingale (Kent, 2018). 

Este inicio comienza a sentar las semillas para lo que se convertirá la segunda mitad del relato, apegándose a ese trasfondo cultural, social y psicológico en donde parece ser que no hay nada bueno en el mundo. Los padres son convictos o explotan a sus hijos, las autoridades son corruptas, violentas y abusan de poder y la única manera de sobrevivir a ello pareciera ser la rebeldía, ir contra ese sistema y su yugo de las maneras más inesperadas. 

Aunque si hay guiños a ciertos pedazos de la historia real de los Kelly, el mérito del guionista Shaun Grant es darle un enfoque diferente que deja de lado la fidelidad histórica para jugar con los elementos que tiene haciéndolo una especie de declaratoria punk, de cinta de época, de cántico rebelde y de western clásico con violencia desmedida que además pareciera manejarse como un sueño o pesadilla no sólo para Kelly y su familia, sino para una nación entera que parece poco a poco ir enfrentando sus terribles fantasmas. 

Este tono visual un tanto de pesadilla nos regala ciertos tintes oníricos que se complementan con una musicalización bastante destacada por parte de Jed Kurzel que juega con diferentes elementos, mezclando canciones punk, riffs de guitarra, un country anacrónico o algunos tonos dignos de una cinta de suspenso/terror. 

Aunque el filme se divide en sí en tres etapas, la niñez, la adultez y el encuentro final de la banda de Kelly, todas tienen un tono que va evolucionando de cierta forma a la par de los personajes. La gran labor de Essie Davis (The Babadook) como la madre de Kelly es fundamental en ese primer acto, así como los roles secundarios tanto de Charlie Hunnam como el abusador Sargento O’Neill como de Russell Crowe en el rol del violento mentor de Kelly, Harry Power, que sirven como detonantes para lo que será este joven rebelde en un futuro. 

Pero es ya en la etapa adulta donde George MacKay (1941) quien se roba la cámara interpretando a Ned Kelly y aprovecha el relato como vehículo de lucimiento que lo pone en el camino del agente Fitzpatrick (Nicholas Hoult), mismo que lo llevará a su sangriento, violento y crudo final. Además, hay ciertos temas que este relato toma con mucha libertad como la situación de la vestimenta de los forajidos, siempre con vestidos, mandando un mensaje interesante en esta representación. 

También, Kurzel demuestra de nueva cuenta que visualmente sigue creando un imaginario visual en su cinematografía bastante destacado. Gracias a la fotografía de Ari Wegner, podemos vivir esa zona del descampado australiano donde sucede todo esto, además de este juego de colores interesante o secuencias con luces estroboscópicas que funcionan para el universo en el que Kurzel desarrolla su relato. 

Si bien la verdadera historia queda de lado al olvidarse, por ejemplo, de otros de los grandes oprimidos en la nación australiana como son los aborígenes, Kurzel y Grant marcan distancia de ello para reinterpretar la leyenda de un forajido de manera efectiva aunque a veces un tanto inconstante. A pesar de ello, Los Bandidos de Kelly logra un lugar especial dentro de los diversos relatos de este personaje con raíces irlandesas, dándole un toque único a esta visión posmoderna de Ned Kelly y su lucha por una justicia que no existía sin necesidad de mitificarlo. 

A.J Navarro

Por A.J. Navarro
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